Encuesta
- Iván Villalba

- 9 oct 2018
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Durante los últimos 6 días, desde el 3 al 10 de octubre, se realizó una encuesta dirigida a estudiantes universitarios españoles con la intención de tener un panorama sobre la satisfacción en la educación que han recibido, fundamentalmente en su etapa previa a entrar a la universidad.
La encuesta se hizo a 100 estudiantes, hombres y mujeres (50/50) y para obtener el diagnóstico deseado se utilizaron 20 preguntas de las cuales 2 eran de respuesta abierta y dieciocho de opción múltiple.
Si se quiere o pretende decir que la encuesta fue realizada a jóvenes, teniendo en cuenta la subjetividad del término, se puede decir que en su mayoría son menores de 30 años, tan sólo seis sobrepasan este rango, siendo el mayor de 58 años. En la otra esquina, los más jóvenes también tuvieron poca representación en la encuesta, pues únicamente 7 personas están por debajo de los 19 años.
Evidentemente el ambiente universitario en que se procuró esta encuesta deja ver sus condiciones en los resultados, pues la mayor cantidad de participantes están en el rango de edad de 19 a 24 años, siendo 21 la de mayor presencia con un 26.5 % sobre el total de personas encuestadas.
Otro punto de análisis fue el lugar de educación, siendo la capital española el lugar en el que se educó la mayoría de las personas encuestadas, 52,9 % del total. Mientras que, educadas en otros lugares, tanto pueblos como ciudades, sólo 1 o 2 personas por cada locación.
Para determinar el tipo de educación recibida se dividió en dos partes: colegio e instituto. Las opciones para contestar eran público, privado o concertado. En ambas dominó de manera amplia el tipo de educación pública siendo el colegio con un 56.9 % y el instituto con un 73.5%.
El punto clave de esta encuesta era la satisfacción de las personas con sus procesos educativos previos a la universidad, así que se enfocaron 6 preguntas en percepciones de primaria, ESO y bachillerato.
Aunque hubo algunas respuestas negativas, con calificaciones inferiores a 6, fueron muy pocas; la mayoría votó por las opciones superiores a 7 sobre su experiencia en la primaria. El 71.6 % de las personas consideraron como útiles los conocimientos adquiridos en esta etapa. Este positivismo se mantuvo para la siguiente etapa, pues el 52 % de las personas calificaron entre 7 y 8 puntos la satisfacción que les dejó su paso por la ESO. En cuanto a la utilidad de los conocimientos, bajó un poco respecto a la primaria, pero siguió dominante con un 61.8 %. En el siguiente nivel, el del bachillerato, los resultados se emparejaron un poco entre las puntuaciones de 6, 7, 8 y 9, rondando el 21 % cada una. A pesar de que en cada apartado hay casos en los extremos, el rumbo que toma la mayoría permite bosquejar un panorama sobre la percepción general de la población encuestada. El cambio en las percepciones positivas de los encuestados se vio cuando se preguntó por la satisfacción con la EBAU, sistema para acceder a la universidad. El 72. 5 % de los encuestados no lo considera como un buen sistema. Este dato se puede complementar con el punto de percepción sobre preparación en las etapas previas a la universidad en la que el 60.8 % de las personas respondió que lo consideraba como normal y tan solo el 14 % como buena.
Siguiendo la línea que se han planteado los resultados de los puntos expuestos en este informe se puede percibir un espacio por llenar entre la educación previa a la universidad y la entrada a la universidad. Como se pudo apreciar, hay una satisfacción y buenas sensaciones con la primaria, ESO y bachillerato, sin embargo, existe una percepción negativa sobre el proceso de vinculación universitaria. Al momento de preguntarles por las vías para mejorar la educación española, los encuestados respondieron con aspectos como la mejora en la educación bilingüe y la reducción de alumnos por clases. Pero en lo que la mayoría de encuestados coincidió fue en la necesidad de una reestructuración en los métodos de evaluación en los que se permita que los estudiantes aprendan de una forma más duradera y de acuerdo con el campo laboral de su interés a futuro (antes de entrar a la universidad).
Teniendo en cuenta lo anterior, posiblemente esa sea una de las formas de llenar ese espacio que se planteó anteriormente, existente entre la educación ESO y bachillerato y la entrada a la universidad. Una de las formas que plantean los estudiantes mismos es el cambio en los métodos de evaluación enfocándose en las fortalezas de cada estudiante, permitiendo que se prepare para adquirir conocimientos duraderos y no temporales para las pruebas que le exijan.


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